Hay una paradoja que muchas personas viven en silencio: mientras más evitas lo que te da ansiedad, más presente se hace. Como un eco que insiste en volver cuando todo está en calma.
En consulta, suelo escuchar frases como:
“No quiero pensar en eso porque me altero.”
“Prefiero mantenerme ocupada para no sentirlo.”
“Sé que algo no está bien, pero si lo hablo, se va a poner peor.”
Y aunque estas estrategias parecen aliviar por un momento, en realidad alimentan un ciclo muy común: el ciclo de evitación.
Evitar sentir empeora tu malestar
La evitación de emociones es un patrón en el que la persona, al experimentar ansiedad, recurre a evitar pensamientos, emociones o situaciones que le resultan incómodas, rechazando así, toda experiencia emocional asociada a ella, como si le resultara aversivo; Pero al hacerlo, la ansiedad no desaparece. Solo se esconde… y vuelve con más fuerza.
Para entenderlo mejor, imagina que tienes una alarma en casa que suena cuando hay humo, te molesta su sonido así que la apagas en lugar de revisar qué ocurre. El problema es que hay humo en la casa y no te diste cuenta porque solo te concentraste en lo molesto que era el sonido de la alarma. El humo sigue ahí y con el tiempo, se vuelve más peligroso.
Eso pasa cuando silenciamos nuestras emociones. Evitamos todo malestar e incomodidad que genera una situación estresante en vez de preguntarnos por qué apareció y que nos quiere decir.
¿Por qué evitamos tanto?
Porque hemos aprendido a tenerle miedo al miedo.
Confundimos la calma con ausencia de emociones que creemos incómodas, así que cuando surge algo que nos causa malestar, luchamos con esa sensación en vez de recibirla como una señal para interpretar, una reacción natural como seres humanos.
Pero las emociones no se eliminan y lo que no se atiende, se manifiesta de otras formas: fatiga, irritabilidad, insomnio, sensación de vacío, dificultad para concentrarse, síntomas físicos sin causa médica aparente como la gastritis, alopecia, dermatitis, etc.
Para sanar tus emociones se empieza por sentirlas
Para romper con el ciclo de evitación hay que afrontar lo que antes evitabas, pero, no es lanzarse al vacío emocional sin paracaídas. Es aprender a reconocer lo qué sentimos sin huir de ello, acercarnos con curiosidad en vez de con juicio. Es permitirnos estar en medio de la incomodidad, con paciencia, compasión y con respeto.
Esto no significa que “dejar de evitar” sea sencillo. A veces lo hemos hecho tanto tiempo, que hacerlo diferente se siente como aprender a caminar de nuevo.
Pero te prometo esto: cada vez que te atreves a sentir un poco más, sufres un poco menos.
¿Cómo empiezo a sentirme mejor?
Para cambiar la relación que tienes con tus emociones y dejar de huir de lo que sientes, puedes empezar con estos pasos:
- Pregúntate con honestidad: ¿qué estoy evitando? ¿Para qué lo estoy evitando?
- Escribe y nombra lo que sientes. Habla contigo como lo harías con alguien que amas.
- Acepta y recibe tus emociones y sensaciones como parte de tu experiencia humana. Permítete estar en esa incomodidad.
- Pide ayuda. No todo se atraviesa solo y tampoco tienes que tener todas las respuestas.
- No te castigues por haber evitado. Eso también fue una forma de protegerte. Hoy puedes elegir hacerlo diferente.
La ansiedad no es tu enemiga. Es una señal. Una voz que dice: “Hay algo aquí que necesita tu atención.”
Escucharla, en lugar de apagarla, puede ser el primer paso hacia el alivio que tanto buscas.
Y si no sabes por dónde empezar, te dejo una herramienta que puede ayudarte: “Reconciliándome con mi Ansiedad”.
Es un cuadernillo digital, para 30 días que te guía paso a paso para transformar tu relación con la ansiedad y aprendas a manejarla sin depender exclusivamente de la terapia presencial, con herramientas prácticas y a un bajo costo.
Si la ansiedad te frena y no te deja disfrutar de tu vida, este cuadernillo te da pasos prácticos para reconciliarte con ella en 4 semanas.
Aquí podrás entender lo que sientes y trabajar en ello con ejercicios para cada día, con más de 10 estrategias de regulación emocional y miniretos que te impulsarán a avanzar.
A veces, lo que más necesitas no es dejar de sentir, sino aprender a estar contigo en lo que sientes.