
Odiamos la palabra «discusión» hemos crecido con la idea de que tener diferencias con otra persona es sinónimo de un gran conflicto. Sin embargo, no estamos exentos de esto, todos los seres humanos tienen una forma única de ver y de interpretar su mundo. La clave está en aprender a convivir con estas diferencias y resolverlas sanamente. Para ello hay que hablar, dialogar esas diferencias con las emociones que conllevan y esto aplica para todas nuestras relaciones, ya sea con amigos, familiares o con la pareja. Así que ¡sí! las relaciones sanas también discuten.
Tendemos a creer que las relaciones sanas son casi «perfectas» como el final de esos libros de amor, pero piensa, ¿cuánto esfuerzo se necesita para transformar una relación entre dos seres diferente en algo que se asemeje a un paraíso compartido? Los desacuerdos o diferencias no tienen que convertirse en una gran discusión, no es señal de que la relación esté condenada al fracaso. De hecho, son oportunidades para que ambas partes se conozcan, expresen sus opiniones, emociones y necesidades. En una relación saludable, las discusiones son una forma de fortalecer la conexión emocional y llegar a acuerdos; por supuesto que esto trae emociones como la rabia, ira, tristeza o dolor, por eso identificar, manejar y responsabilizarse de nuestras emociones es clave para resolver estos conflictos.
Pero, ¿cómo diferenciamos entre las discusiones constructivas y los conflictos dañinos? todo depende de como manejamos esta situación. Recuerda que no se trata de ganar o perder, ¡sino de encontrar un punto intermedio! hay 3 claves fundamentales para resolver conflictos de manera adecuada: la inteligencia emocional, la comunicación asertiva y la empatía.
Así que, las relaciones sanas también tienen discusiones pero saben resolver sus diferencias. Recuerda esto la próxima vez que tengas una discusión con tu ser querido: mantén la calma, comunícate de manera asertiva y recuerda que el objetivo final es fortalecer la relación llegando a un acuerdo juntos.